¿QUIEN RENOVARÁ A LOS RENOVADORES?

En relación a la actual crisis universitaria, en el álbum de la promoción 1970 de médicos cirujanos de la Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela, apareció este valiente alegato. Su autor, uno de los graduandos, Fernando Quiroz, miembro del Movimiento Universitario Evangélico Venezolano.


¿CUÁL ES EL PRECIO DE LA RENOVACIÓN ACADÉMICA?

En poco tiempo se ha dicho mucho acerca de la Renovación Académica o Reforma Universitaria. Ya que si el profesorado.Ya que si la enseñanza. Ya que si la programación. Ya que si la evaluación. Ya que si la autonomía. Ya que si el co-gobierno. Temas todos de capital importancia. Pero tanto hemos hablado y tan poco hemos hecho. Se nos ha olvidado detenernos un momento para pensar qué podemos hacer nosotros mismos, como individuos, para iniciar la tan necesitada renovación. Estamos tentados a creer que los responsables directos son las autoridades universitarias, y únicamente nos limitamos a sugerir ideas para el avance. Llegamos a ser como obreros sobre una carreta tirada por caballos que indican al que guía en qué forma se podría subir la empinada cuesta que tienen delante de sí, pero sin que ninguno se decida a bajarse para empujar.

Es evidente que hemos realizado cosas buenas, lo cual nos satisface. No obstante, hay en nuestro interior una voz que nos reprocha y nos exige una toma de conciencia previa a toda renovación.

Censuramos a los profesores que no cumplen con las horas de trabajo contratadas por la Universidad, pero estamos dispuestos a esquivar el mayor número posible de clases y recortar los programas para estudiar menos.

Criticamos a los profesores que no dictan sus clases magistralmente, pero estamos dispuestos al menor descuido del examinador, a copiarnos en el examen aunque somos conscientes de que deberíamos dominar el tema.

Señalamos las fallas de “apuntismo”,pero nosotros mismos lo preferimos porque es más fácil estudiar de un cuaderno que documentarse de varios libros.

Proclamamos los derechos humanos, pero estamos dispuestos a silenciar por la fuerza al que pretenda denunciar nuestras arbitrariedades.

Acusamos a otros de hacer demagogia, pero no nos importa hacerla nosotros mismos, con tal de conseguir algunos votos más en las elecciones.

Proclamamos la justicia social, pero por medio de nuestras “palancas” conseguimos becas para ayudarnos a cancelarlas cuotas de nuestro bien cuidado automóvil, engrosar nuestra creciente cuenta bancaria, o malgastarla en borracheras, mientras en el salón de clases se sienta a nuestro lado un compañero con los zapatos rotos y el estómago vacío.

No vacilamos en provocar un gran escándalo a expensas de la integridad moral de nuestros adversarios políticos, mientras ocultamente realizamos hechos peores que aquellos que censuramos.

Protestamos cuando las balas represivas del gobierno de turno vierten sangre estudiantil, pero estamos dispuestos a empuñar las armas para cegar las vidas de compañeros que se nos oponen políticamente.

Denunciamos el capitalista que explota el hambre del trabajador, pero sin escrúpulos comerciamos con el amor y la miseria de la mujer abandonada.

Condenamos al funcionario venal, mientras que recolectamos cientos de bolívares para adquirir encubiertamente una copia del examen multigrafiado que presentaremos próximamente.

Estamos cansados de ver y oír a dirigentes estudiantiles que denuncian y condenan la injusticia social imperante, pero al penetrar al paraninfo, o tal vez antes, experimentan un estado de amnesia retrógrada, y casi sin darse cuenta llegan a ser miembros de aquella clase que en otrora condenaran.

En nuestra Universidad existe crisis económica, pero no es la más grave. Existe crisis de comunicación, pero tampoco es lo más grave. Lo más grave es la “crisis de moral y de luces”. ¡Qué vigencia sigue teniendo nuestro Libertador!

No nos engañemos. No se puede hacer caminar a un cadáver, ni se puede construir un edificio sobre el fango. No somos nosotros los que exigimos renovación a La Universidad, si no La Universidad la que exige renovación en nosotros. Ella se reformará en la medida en que nosotros mismos nos reformemos, porque La Renovación empieza en nosotros. Se hace necesario deponer intereses personales y sectarias, el afán de lucro y comodidad, y trabajar con honradez y ahínco para transformar el anacrónico sistema existente.

Este es el precio de La Renovación. No tratemos de eludir su pago. Que ni el rector, ni el decano, ni el profesional, ni el estudiante osemos hablar de Renovación Universitaria, si antes no hemos encarado nuestra propia necesidad de ser renovados.

Pero…¿Quién renovará a los renovadores…?

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